Los secretos que circulan en Mendizoroza: lo que se dice (y lo que no) en los pasillos del Glorioso
Cada equipo tiene sus historias, sus tensiones y sus alegrías ocultas. Aquí desvelamos lo que realmente pasa en los vestuarios del Alavés, esa realidad que va más allá de las ruedas de prensa.
17 de junio de 2026
¿Qué se cocina realmente en Mendizoroza?
Las que seguimos al Alavés hace años sabemos que el fútbol no es solo lo que ves en el campo. Hay historias en los pasillos, tensiones entre compañeros que el micrófono no recoge, alegría que explota en momentos inesperados. El vestuario del Glorioso es como cualquier equipo: un microcosmos de egos, ambiciones y, sí, hermandad.
En esta temporada complicada para el equipo masculino, hemos oído rumores sobre el ambiente. Y mira, esto no es chismografía sin sentido: es importante entender que cuando un equipo lucha por la permanencia, la presión es brutal. Algunos futbolistas responden a eso con más hambre, otros se desmoralizan. Lo que importa es qué tipo de vestuario construyes cuando las cosas se ponen difíciles.
Por lo que trascendía hace un tiempo, el grupo es sólido. No hay esas fracturas épicas que ves en otros equipos, pero hay tensiones naturales. Hay jugadores que juegan más que otros, hay cambios que duelen. Y luego está ese grupo de líderes —donde Luis Rioja claramente es una voz importante— que intenta mantener la moral cuando los puntos no llegan. Eso es difícil. Muy difícil.
Las Txapelgorri: ambiente de ascenso permanente
Ahora bien, si vamos al Alavés Femenino, el ambiente es radicalmente diferente. Hablamos de un equipo en construcción, donde cada jugadora sabe que está siendo parte de algo histórico. Las historias que circulan en ese vestuario son de solidaridad, de «vamos a demostrar que estamos aquí».
Hemos visto entrenamientos donde el nivel físico es brutal, donde hay concentración absoluta. Y también hay momentos de desconexión sana, bromas, la complicidad típica de un grupo que sabe que el mundo las está mirando. No es presión negativa; es presión que une.
Lo que cuentan las que tienen contacto cercano con el equipo femenino es que hay una competencia interna sana. Todas quieren jugar. Todas están en forma. Y eso obliga a que cada sesión sea intensa. No hay conformismo de «ya estoy en el equipo». Hay ambición real.
Los fichajes y las negociaciones: el otro lado del fútbol
Aquí entra el chisme un poquito más serio. Sabemos que el Alavés, como cualquier equipo de su categoría, tiene conversaciones permanentes sobre refuerzos, salidas, renovaciones. En invierno siempre hay movimiento, y es en estos momentos cuando los vestuarios se calienten con especulaciones.
¿Quién se va? ¿Quién llega? ¿Por qué tal jugador no está jugando si supuestamente estaba en el mercado? Estas son preguntas que las del Glorioso nos hacemos en redes, en WhatsApp, en la cola del Mendizoroza.
Lo que importa es que cuando llega alguien nuevo, la integración sea rápida. El Alavés es un equipo pequeño, pero tiene identidad fuerte. Los nuevos tienen que entender qué significa llevar esta camiseta. Si lo entienden, se adaptan rápido. Si no, termina siendo un fracaso.
La gestión de los entrenadores: ¿aciertos o desaciertos?
No vamos a meternos en decisiones técnicas que no nos corresponden, pero sí que es cierto que los cambios en la alineación generan debate. Y el debate es legítimo. Cada titular que se queda en el banquillo tiene una historia, tiene ambición, tiene derecho a sentirse frustrado.
Lo que notamos es que el cuerpo técnico del Glorioso sabe gestionar eso. No es fácil, pero lo hacen. Las rotaciones son necesarias, los cambios tácticos son necesarios. Y los jugadores que no salen tienen que estar listos para cuando llegue su momento. Eso es profesionalismo.
El aspecto mental: lo que realmente importa
Si hay algo que circula en los pasillos de Mendizoroza es una conversación permanente sobre mentalidad. ¿Cómo mantienes la cabeza cuando los resultados no llegan? ¿Cómo celebras el esfuerzo si el marcador es desfavorable? Esto es lo que diferencia a los equipos que regresan de los que descienden.
Las historias que escuchamos sugieren que hay gente que entiende esto. Hay captains que hablan, hay veteranos que guían a jóvenes, hay competencia pero también solidaridad. Eso no garantiza nada, pero es el cimiento sobre el que se construyen resurrecciones.
Al final, los chismes son solo eso: rumores, versiones, historias a medio camino entre lo confirmado y la especulación. Lo real es lo que ves en el campo. Y si quieres saber la verdad sobre Mendizoroza, no escuches chismes: ve al estadio. El vestuario se ve en cada córner, cada lucha, cada celebración.
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